La caída en desgracia de Eduardo Valdés: las sucesivas derrotas que debilitan al diputado

Desde que estalló el escándalo con el vacunatorio VIP que lo tuvo entre los principales beneficiados, el ex embajador ante el Vaticano acumuló derrotas políticas y judiciales que lo relegaron a un papel secundario dentro de la coalición de gobierno

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Por Julieta Ortíz

El diputado nacional Eduardo Valdés fue, hasta hace pocos meses, mucho más que un legislador del Frente de Todos. Su cercanía con el presidente, Alberto Fernández, a quien conoce desde los tiempos en los que ambos compartían militancia en el PJ porteño, le otorgó un rol de peso dentro de la coalición de Gobierno.

«Fue el que ponía el bar para las primeras reuniones de Alberto cuando recién empezaba a asomarse la posibilidad de que fuera candidato», comentó a Alerta 140 un integrante del Frente de Todos, en alusión a la confianza que existe entre el Presidente y el ex embajador ante el Vaticano. El bar al que hace referencia la citada fuente es el «Café Las Palabras», el museo que Valdés levantó en el barrio de Almagro.

Cerca del Instituto Patria recordaron a este medio una anécdota poco conocida que refleja la antigüedad del vínculo entre Alberto y Valdés: «Fue gracias al ‘Gordo’ que Alberto llega a conocer a Néstor; fue en 1998, si no me equivoco. Néstor había leído una columna de opinión de Alberto en un diario y fue Valdés el que los conectó a los dos. Cinco años después, Alberto ya ocupaba el rol de Jefe de Gabinete en el Gobierno de Néstor».

Sin embargo, en las últimas semanas, el nombre de Valdés se transformó en una suerte de mancha venenosa hacia el interior del Frente de Todos. Tras conocerse que integró el grupo selecto de «vacunados VIP», a Valdés lo bajaron de la comitiva presidencial que visitó México. Fue el primero de una serie de cachetazos político-judiciales que sufrió en las últimas semanas.

Días después, el juez federal de Dolores, Alejo Ramos Padilla, le prohibió continuar como querellante de la causa que investiga presuntas actividades de espionaje ilegal durante el Gobierno de Mauricio Macri. Había sido el mismo juez federal el que, al inicio de la causa, lo había aceptado en carácter de querellante. Sin ese rótulo, Valdés perdió acceso al expediente judicial, un activo clave en su rol de operador político-judicial.

Al reto presidencial que lo dejó sin pasaje aéreo a México y a la decisión de Ramos Padilla que le quitó peso judicial en la coalición, se le suma un problema político-empresarial. En 2020, aprovechando la caja publicitaria garantizada a la que tenía acceso a partir del contacto con su amigo «Pancho» Meritello, Valdés se sentó a negociar con Gerardo Ferreyra, dueño de Electroingeniería, para tomar las riendas de radio Del Plata.

El objetivo inicial de este desembarco era aportar dinero fresco que le permitiera a la emisora pagar las deudas que acumulaba con empleados y proveedores, y reposicionar a la AM en el lugar destacado que históricamente había detentado. Pero a cinco meses del desembarco en las sombras de Valdés en radio Del Plata, ese objetivo soñado está lejos de cumplirse, aún cuando la emisora se ubicó en un poco merecido quinto lugar en el reparto de pauta oficial en 2020.

Si bien cuenta con el apoyo del albertismo histórico, Valdés comienza a ser cuestionado por lo bajo por un sector más identificado con Cristina Fernández de Kirchner. «Ya hay algunos pases de factura», confirmó a este medio un integrante del Instituto Patria, quien lo trató durante muchos años a Valdés cuando funcionó como nexo entre Cristina Fernández y el Papa Francisco. Hoy, con su poder esmerilado y marcado a fuego por el «vacunatorio VIP», Valdés comienza a ser más un actor de reparto que un protagonista en la coalición.

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