La Justicia complicó al panadero de La Matanza que mató a un ladrón

En un forcejeo con cuatro delincuentes Gerardo Caivano (36) tomó un arma y mató a un ladrón de 17 años

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La situación de Gerardo Caivano, que mató el sábado pasado a “Curly”, un menor de Isidro Casanova durante un intento de robo, tuvo este viernes un inesperado desarrollo: hasta ahora, prevalecía el relato de que, en medio del forcejeo, el panadero de La Matanza tomó el arma de uno de los delincuentes y disparó para defenderse y proteger a su hijo adolescente que lo acompañaba.

“Hasta ahora el hecho está bajo investigación. No se considera un caso de legítima defensa, tampoco se considera lo contrario. La situación es confusa y se debe esclarecer”, indicó una fuente judicial con acceso al expediente a mediados de esta semana.

Hoy por la tarde, el fiscal Emilio Spatafora regresó a la escena del crimen en la esquina de Ventura Yanzi y María Pita, Rafael Castillo, a metros del comercio de la familia Caivano, según confirmaron fuentes judiciales a Infobae.

Durante toda esta semana, el fiscal no resolvió la situación procesal de Caivano ni tomó temperamento alguno, no resolvió si actuó o no en legítima defensa, o si se excedió en defenderse.

Ahora, Spatafora descree del relato de Caivano, en el que encuentra contradicciones de cara a las pruebas.

“Curly” murió tras recibir siete disparos de calibre 9 milímetros junto a una réplica del mismo calibre encontrada junto a su cadáver, según marcó la autopsia. Varios impactos de bala fueron encontrados a lo largo de la cuadra, varios de ellos en la puerta de un vehículo. Se encontró un arma calibre .38 en la parte trasera de la camioneta de Caivano, un calibre que no se condice con los plomos y los orificios de bala analizados en la autopsia. Cuatro disparos quedaron en el cuerpo, tres marcaron un trayecto de entrada y salida.

La 9 milímetros con la que se mató al delincuente menor de edad, aseguran las fuentes, todavía no aparece. Los investigadores, por lo pronto, no pueden determinar si “Curly” murió por algún disparo de sus cómplices en el fuego cruzado, pero el calibre de disparo de las heridas que causaron su muerte es uno solo.

“Estoy arrepentido de lo que hice, no soy un asesino”, aseguró Caivano frente a su casa el lunes pasado. “No se puede explicar nada, ni emoción, nada, no me acuerdo. A mis hijos no los quiero sacar ni a la vereda. Soy un laburante, no salí a matar, salí a guardar la camioneta. Yo agarré el arma y después la tiré, era mi vida o la de él, yo no soy Dios para decidir”, señaló.

 

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